Sueño de domingo

Caminaba rápido. Ella debía estar, ya, esperándome. Giré la esquina decidida, deseando que estuviera allí y así fue. Estaba sentada en la arena. Miraba pensativa al mar, sonriente, jugando con el pañuelo naranja que llevaba al cuello.
La observé unos segundos desde lejos. El jersey verde dejaba sus hombros al descubierto mientras la brisa jugaba con su pelo. Ponía los rizos sobre su espalda como si alguien los hubiera colocado minuciosamente uno junto a otro.
Me acerqué, despacio, intentando que no se diera cuenta de mi presencia. (¡está tan guapa cuando piensa que no la ve nadie!) Pero enseguida sintió mi presencia. Se giró de repente y me besó divertida. Reíamos tanto. Reíamos de amor.

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