Vientos favorables
Hace 1 semana
Me encanta apoyar los labios y la nariz sobre el cristal de la ventana, respirar, y ver como, poco a poco, los contornos se distorsionan. Todo se fusiona y es imposible determinar las formas. No puedo saber dónde terminan los edificios o dónde comienza el cielo.
Entonces, nos pienso abrazadas de brazos y piernas reflejadas en aquel inmenso espejo que, como el vidrio empañado de la ventana, impedía saber dónde acababa una y comenzaba la otra.
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