Me encanta apoyar los labios y la nariz sobre el cristal de la ventana, respirar, y ver como, poco a poco, los contornos se distorsionan. Todo se fusiona y es imposible determinar las formas. No puedo saber dónde terminan los edificios o dónde comienza el cielo.

Entonces, nos pienso abrazadas de brazos y piernas reflejadas en aquel inmenso espejo que, como el vidrio empañado de la ventana, impedía saber dónde acababa una y comenzaba la otra.

0 que también sueñan:

Entrada más reciente Entrada antigua Inicio